¿Vas a ir a la batalla en oración?

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¿Qué significa para ti trabajar duro? Sudar en el gimnasio. Encargarse de la renovación de la cocina de la que has hablado durante años. Mudar a un amigo a su nuevo apartamento.

Cuando pensamos en el trabajo duro, a menudo pensamos en sangre, sudor y lágrimas. Rara vez pensamos en el tipo de trabajo duro que Pablo describe al final de Colosenses.

En Colosenses 4:12 se describe a Epafras luchando en oración por sus amigos en casa. Otras traducciones lo describen como luchando en la oración y siendo incansable en sus oraciones.

Epafras trabajaba duro por ellos (Colosenses 4:13), y una de las formas en que lo hacía era a través de la oración. La oración no tiene que ser nuestra primera defensa; también puede ser nuestra primera línea de ataque.

El amor de Epafras por Cristo le obligó a pasar a la ofensiva, orando para que sus hermanos y hermanas amaran más y más a Jesús y se mantuvieran firmes en su fe. Fíjate en lo que Epafras no pide. No pide que se acaben sus problemas.

A menudo, cuando nos llegan tiempos difíciles, le pedimos a Dios que nos quite esas mismas cosas difíciles. No hay nada malo en querer que se cure el cáncer, que se repare un corazón roto o que un hijo descarriado vuelva a casa.

Pero Epafras nos recuerda que “que Dios se lo lleve” no es la única manera de orar por alguien que está luchando. En cambio, pide que se conviertan en creyentes maduros y seguros de sí mismos, personas cuya fe es más fuerte por haber sido probada.

Epafras nos recuerda que la madurez es un don precioso, más valioso que una vida fácil. En Santiago 1:2-4, el hermano de Jesús escribe

Amados hermanos, cuando tengan que enfrentar cualquier tipo de problemas, considérenlo como un tiempo para alegrarse mucho porque ustedes saben que, siempre que se pone a prueba la fe, la constancia tiene una oportunidad para desarrollarse. Así que dejen que crezca, pues una vez que su constancia se haya desarrollado plenamente, serán perfectos y completos, y no les faltará nada.

El trabajo duro es bueno para nosotros. Al igual que hace crecer nuestros músculos físicamente, ir a trabajar en la oración construye nuestros músculos espiritualmente. Nos desafía a ver más allá de lo que queremos para ver lo que Dios podría estar haciendo en la vida de alguien. El resultado es una oración que nos lleva a una madurez más profunda y un corazón que quiere lo mismo para los que amamos.


Steven Salas Murillo

¡Simplemente relájate y deja que Dios sea Dios!

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